Tuesday, August 3, 2010

LAS SECUELAS DEL INFIERNO: DR JOSE LUIS GARCIA PANEQUE

                                     Antes                                              Ahora                                                                                                             


Me sometieron a todo tipo de presiones

28 Julio 2010 - 9:57 - Autor: diario-de-un-cubano-exiliado

Por Paneque
Es difícil hablar en primera persona, pero son muchos los amigos que me han pedido que cuente mi historia, que va desde una educación tradicional, pasando por un período disidente, hasta una posición bien definida. Sin mucho protocolo, soy José Luis García Paneque, de 45 años de edad, natural del pueblo cubano de Amancio, casado y padre de 4 hijos (viven en EEUU desde 2007), médico de profesión y periodista por convicción.

Procedo de una familia tradicional cubana (el padre mecánico automotriz, la madre ama de casa), afincada en un pueblo de ingenio azucarero al sur de la Isla, para la cual la figura paterna es todo un símbolo a seguir. De él obtuve una educación basada en valores arraigados por siglos en nuestro pueblo y que 50 años de dictadura han pretendido borrar, con una visión realista del trayecto que es la vida.

Todo contrastaba con la instrucción que se me intentaba imponer en la estructura educativa oficial, nada comprensible en mi niñez y primera etapa de adolescencia, pero todo fue tomando su lugar a medida que avanzaba en los años de juventud y me desenvolvía en el medio que me rodeaba.

La Universidad fue el punto de inflexión que definió mis principios y posición ideológica que me han acompañado hasta hoy. El contacto con otros puntos de vistas, criterios, culturas y la realidad fueron el punto de partida que marcaron el camino a seguir en la lucha, entre otras cosas, por la libertad de expresión, asociación y reunión, sin una convocatoria oficial, que es lo obligatorio en el sistema imperante en Cuba.

Fueron años turbulentos para la sociedad cubana, éxodos masivos, guerras en África, incluso en el Caribe y campañas ideológicas, que en lo particular me sometieron a todo tipo de presiones. El simple hecho de no acudir a una convocatoria oficial propicia que se desencadenen una serie de amenazas de expulsión de la Universidad basado en el miedo crónico que afecta a toda la sociedad cubana. Esas presiones pusieron en no pocas ocasiones en peligro la carrera elegida, sobre la cual pesaban mis principios ya totalmente definidos.

Solo faltaba la llegada del momento propicio para proyectar todo lo que sentía y éste llegó en 1996 con la conformación de pequeños grupos disidentes hacia el interior de la Isla, en los inicios sin una plataforma definida, pero todos con grandes deseos de propiciar cambios en nuestra sociedad.

Con el paso de los años y el batallar diario todo fue más claro, se crearon proyectos tangibles, pasando de un estado disidente a una estructura opositora, con movimientos políticos, asociaciones profesionales, proyectos culturales alternativos y el surgimiento en marzo de 1998 de la Agencia de Prensa “Libertad”, con recursos precarios, libretas de notas, bolígrafos y utilizando nuestros equipos telefónicos para conectarnos con medios de difusión al sur de La Florida, en Estados Unidos; pero todos conscientes de los riesgos y dispuestos a asumir el reto, con la convicción segura de llevar nuestra verdad con objetividad hasta el final.

Con muchos sacrificios alcanzamos una preparación periodística básica que nos propiciara trabajar en los medios alternativos para colaborar y proyectar nuestras ideas hacia varios importantes medios de comunicación como Cuba Free Press, CubaNet, Nueva Prensa Cubana, emisoras de radio como la Martí, La Poderosa, Radio Mambí y otras, hasta que fui encarcelado tras los sucesos de la “Primavera Negra” de marzo de 2003, pero esta es otra parte de la historia que les contaré más adelante



Me siento como un árbol sin raíces

30 Julio 2010 - 6:30 - Autor: diario-de-un-cubano-exiliado

Por Paneque

Los primeros días en la vida de un exiliado todo es confusión, se entremezclan sentimientos de alegría y dolor, por un lado la libertad, de otro el dolor del destierro involuntario, es como un árbol sin raíces que va de aquí para allá. Sin comprender del todo lo que sucede a su alrededor, solo reconforta cuando se recibe la cálida acogida que me han dispensado los anfitriones en mi nuevo destino.

Nada más llegar a España, contactaron conmigo muchos amigos, incluso algunos con los que hacía muchos años que no teníamos comunicación, otros que no me conocían, pero con la vocación de ayudar. Me propusieron la posibilidad de venir a Cullera (Valencia), donde existe un Centro de Acogida de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), propuesta aceptada por la institución y que a mí en lo personal me emocionó, inmerso -como estoy- en tanta incertidumbre de los primeros días.

Era el primer signo de que no todo estaba perdido, aún quedaba la posibilidad de rehacer la vida, recuperarme, reunificar a la familia. Signo del calor humano y el deseo de ayudar en un proceso tan complicado como es la reinserción en una nueva sociedad, con la cual compartimos similitudes, pero con sus características propias y un nivel de desarrollo muy superior, lo cual asusta.

Pero nunca imaginé que mi decisión fuera tan acertada, que la tierra del padre Antonio Godino Córcole, la cual conocía por las historias contadas por el misionero con tanta emoción, fuera tan real, su cultura propia, su exquisita cocina, donde llama la atención sus paellas.

En apenas una semana después ya estaba montado en un tren junto a mi familia rumbo a lo desconocido. Llegar a la estación Valencia Norte colmó muy por encima todas mis expectativas, se mezclaban cubanos y valencianos para recibirme y darme la bienvenida. Ni siquiera Ángela, la representante del CEAR que me esperaba como guía, los pudo detener.

Todos ayudaban y en pocos minutos la caravana estaba en marcha rumbo a Cullera, la bella ciudad que sería mi destino final en este viaje, un verdadero paraíso. Nunca imaginé que algo así pudiera existir, el primer impacto sus montañas y un gran letrero en una ladera anunciaba la localidad, y por último sus lindas playas de fina arena, hasta llegar al centro de acogida.

Nos recibe Don Paco (su director), Mercedes (la asistente social) y Khadidsa (la encargada), mientras nos daban la bienvenida y las instrucciones de rigor, un grupo de jóvenes inquilinos que compartirían con nosotros las instalaciones subían nuestros equipajes a las dos habitaciones asignadas a mí y mi familia.

Comenzaríamos a descubrir un mundo nuevo, lleno de amor, comprensión, apoyo y solidaridad, después de tantos años de sufrimientos en las prisiones. Compartir junto a mis padres la misma confortable habitación, amplia, iluminada y limpia; comería nuevamente en familia, estaríamos rodeados de personas preocupadas por el más mínimo detalle, el cocinero Armenio por mi estado físico y de salud tratando de satisfacer mis gustos dentro de lo posible y de esta forma ayudar en mi recuperación… nada queda al azar. Con todas estas muestras de cariño, los sufrimientos y los dolores físicos pasan a un segundo plano.

Los paseos en familia por la ciudad, las playas, las invitaciones y llamadas de amigos, el saludo del que limpia las calles, del vecino que me ha visto en televisión, del empleado del supermercado del barrio, que conociendo mi estado de salud por la prensa me recomienda los productos para celiacos, el médico cubano Eduardo Catá Jay, que sin conocerme se presentó y se puso a mi entera disposición con total desprendimiento, hechos dignos de admirar.

Son tantas las emociones que es casi imposible de un tirón contarlas todas, dejemos para más adelante nuevas historias del ‘Diario de un cubano exiliado’.



Una llamada anónima me advirtió de que me iban a detener

2 Agosto 2010 - 6:00 - Autor: admin

Otra parte de mi historia comienza en la tarde del 18 de marzo de 2003, suceso conocido como la “Primavera Negra”, donde 75 hombres en distintos pueblos y ciudades de varias provincias de Cuba son detenidos y sancionados a pasar de entre 6 y 28 años de prisión; en juicios sumarísimos.

Desde muy temprano en la mañana mi casa en Las Tunas comenzó a ser vigilada, en cada salida mía era seguido, incluso a través de una llamada anónima se me advirtió que sería detenido en las próximas horas, pero estaba acostumbrado a esos métodos de acoso e intimidación y no la tomé en cuenta por lo que continué desarrollando mi vida diaria, sin saber que estaba en medio de una gran operación de la seguridad del estado del régimen cubano conocida como “Ofensiva II”.

Sobre las 15.30 y mientras recibía un curso de inglés junto a otros colegas de la Agencia de Prensa Libertad (Ramón Velázquez Toranzo, Héctor Olivera González y Guillermo), como parte de mi preparación básica para ejercer el periodismo en los medios alternativos, se presentaron oficiales de la policía política del régimen castrista para detenerme y realizar un registro en mi hogar según una denuncia de que en la misma se realizaban actividades subversivas; les pedí que dejaran marchar a las personas que me acompañaban y sin objeciones lo permitieron.

Ante la presencia de mis 4 hijos pequeños (12, 8, 6 y 4 años, respectivamente) y sin importarles el daño psicológico que les infringían, comenzaron un minucioso registro que se prolongó por algo más de 6 horas, llevándose como prueba material, entre otras, una máquina de escribir, un equipo de teléfono y fax, un radio receptor de onda corta, una cámara fotográfica, una grabadora pequeña, literatura variada sin importar el contenido y medicamentos, incluso los destinados a mis hijos.

Esto último suscitó la protesta de mi esposa, que fue maltratada de palabra, y a lo que ellos contestaron que “eran medicamentos americanos”, también se llevaron equipos médicos básicos como un glucómetro con sus tiras reactivas, un estetoscopio, un esfigmomanómetro y algo más “llamativo” y que no se tuvo en cuenta durante el juicio, un casete de video VHS titulado “La vida secreta de Fidel Castro”, que fue publicado por una televisora del sur de la Florida en Estados Unidos.

Pasadas las 23 horas me trasladaron a la Unidad Provincial de Instrucción Policial en Las Tunas, para un calabozo oscuro, húmedo y con escasa ventilación; el primer impacto de la crueldad que sufriría después.

Estando incomunicado y sin muchos interrogatorios me ratificaron una petición fiscal conjunta de 20 años de privación de libertad por “actos contra la independencia o integridad territorial de la nación” y “contra la independencia o integridad territorial del Estado”, basados en la ley 88 , conocida como “Ley Mordaza”, la que no se había aplicado antes ni se ha aplicado después de la “causa de los 75”.

El 3 de abril se celebró la vista oral del juicio en un teatro, toda una obra escénica sin pie ni cabeza, quedando concluso para sentencia. Es de destacar que en ningún momento ninguno de los 5 acusados ocultamos nuestra posición de principios basados en necesidad de cambios democráticos para nuestro país, al próximo día el alguacil nos notifica la sentencia oficial a los “acusados”, en mi caso 24 años de privación de libertad.

Dos días después, el 5 de abril, fui conducido a la prisión provincial de máxima seguridad, conocida como “El Típico”. Comenzó para mí el tránsito por el infierno, que es el sistema penitenciario del régimen que gobierna en Cuba. Apenas llegamos, nos informaron que seríamos sometidos al régimen de mayor severidad en celdas de aislamiento por espacio de 2 años, sin beneficio alguno, todo sin haber cometido incluso alguna indisciplina que justificara la aplicación del método de castigo más cruel e infrahumano que puede recibir una persona.

En esta prisión y con el régimen de castigo aplicado solo tenía derecho a una llamada telefónica mensual, la que lógicamente era escuchada y censurada, solo tenía visitas cada tres meses, con posibilidad que me llevaran una bolsa de alimentos cada cuatro meses y una visita conyugal al quinto mes.

Lo que no podía imaginar que era solo el comienzo de la odisea de un prisionero de conciencia con el traslado a 9 prisiones en 5 provincias cubanas, todas alejadas del lugar de residencia de mis familiares: en Villa Clara (tres prisiones), en Holguín (dos prisiones), en el Combinado del Este (La Habana), en Granma y por último nuevamente Las Tunas.

Sometido a una férrea campaña difamatoria en los medios oficiales para desacreditar nuestra imagen ante la población cubana, que sufríamos además al escuchar de los altavoces conectados en las mismas las emisiones de los programas televisivos “Mesa Redonda”, en medio de la llamada “Batalla de Ideas”, lógicamente informaciones preparadas por el régimen con sus puntos de vista.

Fuimos objeto de una crueldad sin límites al ser hombres que estábamos privados de toda posibilidad de expresión y defensa, aislados en condiciones deplorables que minaron mi estado de salud: de un hombre sano de 86kg de peso corporal, al ingreso de la prisión, a menos de 45kg, un año y medio después, una pérdida alarmante que puso mi vida en peligro, todo a causa de un síndrome de mala absorción intestinal.

Suerte que soy médico y pude tomar medidas para sobrevivir, sumado mi voluntad inquebrantable de seguir adelante, el apoyo de muchas personas e instituciones, amigos y familiares que en todo momento me alentaron a seguir adelante. Qué reconfortante es recibir una postal de lugares tan distantes como Nueva Zelanda, Australia, comunidades cristianas de Inglaterra y asociaciones de intelectuales de muchas partes del mundo. No me atrevo a mencionar ninguna en especial por temor a la omisión involuntaria de algunas de ellas, a todas muchas gracias.

Al llegar a la libertad, me doy cuenta de que nunca la conocí


4 Agosto 2010 - 6:19 - Autor: admin



Una llamada telefónica a la prisión en Cuba de parte del cardenal cubano Jaime Ortega Alamino me sorprendió hace casi un mes ofreciéndome salir de la cárcel y viajar a España. Fueron minutos de muchas dudas e incertidumbre, pero acepté.

Atrás quedaban 7 años y 4 meses de dolor y sufrimientos para mi familia y para mí, pero también la tierra que me vio nacer: mi Patria (con mayúsculas), lugares entrañables, amigos, hermanos en la fe y familiares que quizás nunca más pueda ver. Pero durante todo ese tiempo en la cárcel, y aún ahora, mantuve un espíritu positivo, optimista y seguro de lo justo de la causa que defiendo.

Recibí la propuesta del cardenal con una mezcla de alegría y dolor, por delante la posibilidad de recuperar mi libertad, en el pasado años de luchas y sacrificios, de proyectos inconclusos, familias divididas, comenzaba otra etapa de mi historia, la de exiliado, sintiendo el dolor de tener que abandonar mi Patria por la puerta trasera y así fue.

Directamente de una prisión a una puerta en la cola de un avión de la compañía Air Europa, dentro de aquella nave inmensa, con sus asientos vacíos me parecía un largo túnel sin final. No me daba cuenta que pronto se haría la luz y comenzarían a soplar los primeros vientos de libertad.

Los móviles conectados con las agencias de prensa pasando de mano en mano entre los 6 primeros deportados, las personas que querían saludarnos o tomarse fotos con nosotros nos daban aliento. No todo estaba perdido: desde la distancia también es posible luchar por el regreso a la democracia y la libertad en nuestra Patria.

Fueron algo más de 8 horas de mucha emoción, de muestras de respeto, cariño y solidaridad, un gobierno nos cerraba las puertas y otro pueblo nos las abría con total desprendimiento.

No imaginábamos lo que nos esperaba al llegar a suelo español. Todas las expectativas quedaban cortas, todo un mar de emociones, una libertad que no conocíamos, estábamos acorralados, sin saber cómo ejercer un derecho que nos regalaban sin pedir nada a cambio.

Pero en realidad teníamos poco que celebrar, solo éramos la avanzada de ex prisioneros de conciencia, a los que se sumarían otros hasta un total de 20 al redactar esta nota.

Muy poco han cambiado las cosas en Cuba, era solo una forma de lavar la cara de un régimen que persiste en perpetuar el dolor y el sufrimiento de más de 11 millones de compatriotas, sumidos en el miedo crónico, arraigado, sin encontrar salida viable.



Hemos llegado llenos de esperanzas, de deseos de seguir adelante, de luchar desde las nuevas tribunas, incorporándonos a una sociedad que nos brinda todas las oportunidades, que esperamos corresponder con el corazón en la mano, con respeto y gratitud. Pretendemos aportar con nuestras manos lo que sabemos hacer y seguir adelante con nuestra lucha en busca de la verdadera libertad y democracia de los quedan en aquella isla caribeña, llena de sol, playas, y mucho verde, como esta Cullera valenciana que hoy nos acoge a mí y a mi familia con mucha hospitalidad, amor, cariño y solidaridad.

Aún estoy sorprendido pues desde una isla rodeada de mar hemos llegado a una ciudad en el Mediterráneo, con playas, montañas, ríos y mucho calor veraniego. Es como si estuviera en mi tierra, pero con libertad, libertad de verdad.

Adaptarme a vivir en libertad será un proceso largo y lleno de sorpresas que iré descubriendo en el día a día de la democracia y la pluralidad de pensamientos, la cual un día me lancé a buscar en mi Patria y hoy la encuentro en otras tierras, pero con la esperanza que llegar a mi amada Cuba, no lo dudo.

Al llegar a la libertad me siento como en un mundo paralelo, me doy cuenta de que nunca la conocí, estoy cada vez más seguro que en Cuba el miedo es algo crónico.

Hoy comienza otro diario, el del exiliado que comienza a descubrir el tesoro más ansiado de todo hombre o mujer: la libertad, que será parte de mi nueva historia.

Soy un refugiado político, digan lo que digan


6 Agosto 2010 - 5:07 - Autor: Paneque

El estatus migratorio para mí, mi familia y el resto de los exiliados cubanos y sus familiares que hemos llegado a España en las últimas semanas han suscitado mucho interés y los más variados comentarios.

Nuestra declaración desde el primer momento, con sus matices particulares, ha sido muy clara: “nosotros no salimos de Cuba en busca de mejoras económicas, fuimos deportados”. Lo demuestra el hecho que nos sacaron directamente de la prisión a la puerta situada en la cola de un avión comercial que nos condujo a este país, única forma de recuperar nuestra libertad. En lo personal agradezco la intermediación de la Iglesia Católica cubana, con un protagonismo indiscutible en las negociaciones y la generosidad del Gobierno y pueblo español que nos acoge.

La resolución notificada a nosotros, en la Oficina de Asilo y Refugio en Valencia, nos concede el “Derecho de Protección Subsidiaria”, para mí y el resto de mis familiares que me acompañan, puede no satisfacer todas nuestras expectativas, pero la considero justa y equilibrada. No creo que “el hábito haga al monje”, independientemente de un estatus u otro concedido.

Pero no cabe duda alguna y, así lo considero, de que soy un “refugiado político”, ya que fui deportado de mi patria, muy por encima del consentimiento que di, en respuesta a la llamada de su Excelencia, el Cardenal Jaime Ortega Alamino, cuando me comunicaba que era uno de los primeros 5 seleccionados para salir hacia España en las próximas horas dado mi estado de salud. No tenía alternativa para recuperar mi libertad y reunificar mi familia. Además podía continuar mi lucha desde otro escenario, también útil.

También es incuestionable que la trágica muerte de Orlando Zapata Tamayo, al que considero nuestro mártir, el sacrificio con total desprendimiento del héroe Guillermo Fariñas y los más de 7 años de diario batallar de unas Damas de Blanco que jamás se han dejado intimidar (ni siquiera los intentos de desacreditarlas han podido doblegarlas), propiciaron las negociaciones que resultaron en la salida de 21 expresos de conciencia de la Primavera Negra de 2003 en las últimas semanas (el último con destino a Chile).

Pero la opinión pública internacional ha podido ver las condiciones físicas y psíquicas en que salimos de prisión y abandonamos la patria; casos muy concretos, como Antonio Villareal, Normando Hernández, Ariel Sigler Amaya y mi caso particular, con graves problemas intestinales, que abordaré en otra entrega del “Diario de un exiliado Cubano”.

En cuanto a mi núcleo familiar se nos ha informado que dentro de una semana debemos acudir a la Delegación de Policía en Valencia con la resolución que nos concede el derecho a la protección subsidiaria, el documento de resguardo de presentación de solicitud de protección internacional, el empadronamiento en Cullera, 2 fotos y el pasaporte visado para que nos sea tramitada la tarjeta de residencia correspondiente válida por 5 años y después de residir 2 años en España podemos solicitar la ciudadanía española. Nos sorprende y alegra lo rápido que se ha regularizado nuestra situación legal.

Ahora (sin pretender ser carga alguna para el Gobierno y mucho menos para el pueblo de España), espero que de la misma forma solícita tengamos la posibilidad de homologar nuestros títulos universitarios y nos llegue el permiso de trabajo para poder mantener a nuestras familias y corresponder a la gentileza de España al recibirnos.

La cárcel cubana te deteriora por completo, tanto física como psíquicamente


9 Agosto 2010 - 8:08 - Autor: Paneque

Ha llegado el momento de aclarar el porqué de mi débil estado actual de salud (con menos de 50kg de peso). Para mayor comprensión es necesario recordar un antes, durante y posterior a mi encarcelamiento, además los primeros 18 días en España.

Al ser recluido en la Primavera Negra de 2003 por el régimen castrista no padecía enfermedad preocupante alguna; solo un ligero estado asmático que controlaba con facilidad, una talla de 165cm y peso corporal de 86kg, moderadamente en sobrepeso.

Desde mi nacimiento el 24 de julio de 1965 en el seno de una familia tradicional cubana – con recursos limitados, pero muy preocupada por mi desarrollo físico y mental- tanto mi niñez, adolescencia, juventud y ya mi etapa de adulto habían transcurrido con total normalidad desde el punto de vista de estado de salud.

Pero a mi internamiento en los centros penitenciarios soy sometido sin justificación alguna al régimen carcelario de mayor severidad, en celdas de aislamiento por 2 años, en aproximadamente una superficie de 3 metros cuadrados, en condiciones verdaderamente infrahumanas -sin iluminación, escasa ventilación, humedad, agua no potable-, en 9 prisiones distintas de 5 provincias de la Isla, con visitas familiares de 2 horas cada 3 meses, conyugal (vis a vis) cada 5 meses 3 horas, 1 llamada telefónica al mes censurada por un oficial de prisiones, bajo un aislamiento total en celdas concebidas para castigar las indisciplinas de los reos; método cruel e infrahumano, donde no tienes vínculo alguno de interacción social, lo que paulatinamente te deteriora tanto físicamente como tu estado psíquico, sin necesidad de agresión física alguna.

Nueve meses después comienzo con un cuadro diarreico que se prolongó en el tiempo, sin una adecuada atención médica y -mucho menos- tratamiento. En apenas 6 meses perdí aproximadamente el 50% de mi peso corporal, llegando a menos de 45kg, con signos evidentes de desnutrición, caída del vello corporal, defectos en las uñas, piel escamosa, edema en miembros inferiores, dificultad para tragar, calambres musculares, pérdida de audición y visión, algunas de las cuales cargo como secuela; todo este cuadro puso en peligro inminente mi vida.

Después de reiteradas solicitudes y protestas me indican estudios preliminares y achacan la situación a una infestación masiva por el parásito de giardia, indican varios tratamientos antiparasitarios y no logran la remisión del cuadro clínico, por lo que mi estado físico sigue deteriorándose.

Ante las protestas de mi esposa me trasladan para las prisiones de la provincia de Holguín y comienzan un estudio clínico, pero incompleto, diagnosticándoseme un cuadro diarreico crónico prolongado, de causas desconocidas.

Me indican una dieta que se correspondía con un síndrome de mala absorción intestinal (celiaco) y se logra una estabilidad relativa, pero ante la inconsistencia en la dieta alimentaria me descompensaba con frecuencia hasta que comenzaron a aparecer complicaciones, sangramientos digestivos bajos, deshidratación, inmunodepresión, neumonía, hasta una infestación digestiva masiva por hongos que puso nuevamente en peligro mi vida. Los médicos me comunicaron que debía aprender a convivir con una enfermedad crónica, de por vida.



Al ser excarcelado, llego a España con un diagnóstico de síndrome de mala absorción intestinal, pérdida de audición y visión y un estado de desnutrición moderado con un peso corporal de 48.5Kg.

Desde mi llegada he recibido atención médica básica, pero aún no especializada, que instaure un régimen dietético acorde a los estándares de este país, con el objetivo de estabilizarme, recuperar mi estado de salud.

He perdido algo más de peso, algunos días estoy muy agotado, se me inflaman las piernas en la tarde y continúan algunos signos de desnutrición.

Mi estado de ánimo lo considero bueno, optimista, más las esperanzas que me han dado en conversaciones informales con algunos médicos que me han asegurado una total recuperación o al menos una estabilidad prolongada.

Pero incluso con dieta adecuada todo no será posible siempre, más dependiendo de otras personas para alimentarme, pues por el momento sigo en el centro de acogida. Debo ser yo y mi familia quienes me ayuden a preparar los alimentos cuando tengamos la oportunidad de acceder a un piso.

Vivo con días de gorrión (una forma cubana de referirnos a la tristeza), mi mente está en dos continentes. La separación familiar continúa golpeándome: en Estados Unidos, mi esposa y 4 hijos -a los cuales aún no he podido ver crecer y solo me comunico vía telefónica- y de este lado mis padres, hermana, cuñado y una pequeña sobrina de solo 45 días de nacida.

De por medio un proceso de adaptación y reinserción, nada fácil, a la nueva sociedad que me acoge y a la cual pretendo corresponder con mi esfuerzo y sacrificio, sin dejar de lado mi lucha por la libertad y democracia de mi tierra.



http://blogs.lainformacion.com/diario-de-un-cubano-exiliado/  


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