Monday, December 19, 2011

JUAN JUAN ALMEIDA: LLEVA LA PATRIA EN SU CORAZON

                                 Juan Juan Almeida y yo el día de su llegada a Miami

JUAN JUAN ALMEIDA: LLEVA LA PATRIA EN SU CORAZON

Juan Juan Almeida, quien considero mi amigo y que a pesar de no vernos todos los días, al igual de los años que nos mantuvimos sin vernos, después de que ambos estudiamos en la extinta URSS, se encuentra residiendo en la capital del exilio cubano, tratando de sobrellevar sus temas de salud y disfrutando de su hermosa familia. El mismo no deja por un instante de recrearnos con su afición por la escritura y nos trae a la mesa cada vez un plato diferente que devoramos en instante. Con su peculiaridad de mezclar la tragedia con el humor, la pasión, con el desamor y lo inevitable con lo posible, historias que para algunos pueden ser conocidas y para muchos (la mayoría) de terror, poniendo al desnudo 53 años de hipocresías, oportunismos, doble moral, extremismos, mentiras, conspiraciones, represiones, muertes y asesinatos donde sus protagónicos son los actores directos ó indirectos del sufrimiento de la nación cubana.

Juan Juan Almeida no ha descubierto el agua caliente, es un ser humano igual que otro cualquiera, con sentimientos definidos, emociones encontradas y una fé inquebrantable en el mejoramiento humano, que lo hace más sensible al amor que siente por su pueblo. Juanito fue el producto de la providencia divina, el hijo rebelde de uno de los Comandantes de la Revolución Cubana que prefirió abandonar su herencia patriarcal para ponerse del lado de los necesitados.

Ladagoval y algo más... ira reproduciendo cada uno de sus artículos y esperamos que los lectores disfruten de los mismos y conozcan cada día más sobre los principales responsables del sufrimiento del pueblo cubano.

José Martí escribió: “¡No se miente cuando se lleva a la patria en el corazón!” es por ello que Juan Juan escribe, narra, nos relata, porque la patria la lleva en su corazón.

Lázaro Daniel
19 de Diciembre del 2011



Aleida lleva su apellido como disfraz de Halloween

Aleida Guevara March, con semblante funerario y sed de constante alabanza, en una guerra campal contra la naturaleza humana, hastía hablando del sueño del hombre nuevo, olvidando el insomnio del hombre actual.

Aleida (Aliusha) Guevara March, de cabellos castaño rojizo y ojos color café, es de esos cubanos que como vastedad cultural agregada, actúa y habla como extranjera. Excéntrica y desenfadada, es un engendro insatisfecho que, inventándose un linaje con dimensiones de ciclope, disfruta aplastando a su paso cualquier opinión divergente.

Divorciada de Julio Machín, y madre de dos bellas hijas. Su primera frustración comenzó con el nacimiento de sus tres hermanos menores, perdiendo así el dulce encanto de ser hija única. En 1967, cuando aun no cumplía 7 años, su padre murió en Bolivia; y su madre, Aleida March, bonita y joven aún, después de tragar amargos buches (tema para otro comentario), decidió continuar con su vida y elige una nueva pareja. Valentín, un buen hombre, creo yo. Los entonces grandes amigos, heroicos y verde olivos, todos le dieron la espalda, excepto Ramiro Valdés. No obstante la pequeña Aliusha decidió plegarse al amparo protector de tío Fidel.
Jugó al peligro de sentirse Ícaro, y la vida la premió en su justa dimensión. Cuando Aliusha ya era Aleida, y estudiaba en una escuela militar, un naufragio sentimental la arrastró a engordar al punto que hasta sus más fieles condiscípulos y amigos de los “Camilitos”, le llamaban Moby-Dick. Resulta que la linda Aleida, creyó comprar con lo más tierno de su amor al entonces desconocido Luis Alberto Rodríguez López Callejas, quien como insaciable galán se trastornó con el poder y despachó a la Guevara por un amor más “seguro, más histórico y heroico”, y de todos conocidos, el de Deborah Castro Espín.

La señora Guevara March, devino en doctora, oportunista de sangre y ninfómana de acción, posee atractivo especial para hombres famosos a quienes vende como helado la mítica foto de un padre. Así lo hizo en Nicaragua con el General fusilado, por el mundo con un periodista italiano, en La Habana con un actor hollywoodense y un empresario argentino. A todos les abrió las piernas, y las puertas del poder. Con arrogante actitud y estrafalario atuendo, lucra actuando como clon de una decadente doctrina que es simplemente una estafa. Su dignidad se mide en dólares; y su lealtad, en privilegios.
Cuando aprendiendo a manejar mató a un pobre ser humano, el sistema judicial cubano fue obligado a no mirar. La filantropía es linda, pero falsa.
Aleida Guevara March, con semblante funerario y sed de constante alabanza, en una guerra campal contra la naturaleza humana, hastía hablando del sueño del hombre nuevo, olvidando el insomnio del hombre actual. Cuando pongo mucho esmero, logro encontrar algo bueno hasta en un vulgar delincuente; no así en esta mujer que a ritmo de vino tinto insiste en continuar inflando su figura de farsante, usando como brillante escalera a un poseso padre al que únicamente vio en contadas ocasiones.

Fuente: Tomado de Marti Noticias: