Monday, July 28, 2014

LOS HOMBRES NO LLORAN



LOS HOMBRES NO LLORAN
Por Lázaro Daniel (Ladagoval)

Viejo, han pasado cinco años de tu partida y aun me parece mentira.

Como cada año te escribo, es la terapia elegida para sopesar un tremendo dolor, una gran tristeza, y una enorme  impotencia, además cumplo con la promesa que te hice, aquel tercer domingo de junio del 2009, unos días antes de que partieras, cuando me recalcaste que jamás te olvidara.

Viejo no sabes cuanta falta me haces…hago de tripas, corazón para mantener la calma, para sobrellevar un dolor indescriptible y una añoranza de poder tenerte de vuelta, cuando se que es imposible, al menos en este mundo.

Todavía recuerdo como se me unión el cielo con la tierra y yo pidiéndole a Dios que me cediera tu puesto, tal vez fui hasta egoísta porque mis dos angelitos quedarían sin padre, pero era la única respuesta que encontraba en un momento difícil, de angustia y de desesperación total.  

Utilizo cuanto mecanismo terapéutico y psicológico existe para tratar de minimizar al menos este sufrimiento y sabes algo? Me es imposible…y creo que me es imposible porque para mí no es posible que hayas partido cuando aun no te correspondía. La historia dirá su última palabra.

Trato centrar mis esfuerzos y energía en ser cada día mejor ser humano, a pesar de los pesares y contra todos los obstáculos que nos imponen los paradigmas sociales, creados por nosotros mismos los seres humanos, nuestra propia contradicción y negación. Me cuesta mucho lograr eso y otras cosas más…

Algo si me queda claro ya no estás físicamente con nosotros y tal vez ese temor de no protección y de ausencia me han convertido en un ser más sensible, susceptible y melancólico. 

Siempre me digo que no debo llorar, recuerdo que una vez de niño me dijiste: “Los hombres no lloran”…, luego cuando estaba más crecido, te vi llorar como un niño, pero jamás te reclame nada porque sabía que llorabas por una razón muy grande, acababas de perder a un ser que adorabas: Tu mamá. Fue cuando comprendí que todos necesitamos llorar para desahogar las tristezas. Ese día no te deje llorar solo, ese día también llore junto a ti y te abrase tan fuerte como pude, porque sé que necesitabas un gran abrazo, no fue el de abuela, pero al menos fue el de este hijo tuyo que tanto te amado, te ha respetado y admirado.

Hoy  hubiese querido tener ese abrazo, pero desafortunadamente mis dos angelitos no estaban para hacerlo, así como lo hice yo contigo.

Creo que rompí con mi propia promesa de no agobiarte con tantas letras cargadas de un tremendo sentimiento. No sé si desde donde te encuentras  podrás leer o no estas letras,  pero al menos  creo acercarme más a ti.

Discúlpame papá por tanta palabrería…

Wow!!! Cuanto te necesito hoy, mañana y siempre!